El verano es una estación muy sufrida para las instalaciones exteriores, pues es cuando más uso tienen. Las tarimas exteriores están en constante exposición a los elementos, lo que provoca daños en su integridad y apariencia. La exposición contínua a los rayos UV, la humedad y los insectos suponen factores de riesgo para la estructura de la madera si no está bien tratada.
A continuación, entraremos a detalle sobre los pasos y consideraciones a la hora de realizar un buen mantenimiento de las tarimas exteriores.
Preparación previa
Antes de iniciar el mantenimiento se debe limpiar la superficie. Si bien existe la posibilidad de contratar profesionales para realizar un lavado profundo, es posible hacerlo en casa.
El primer paso es barrer la superficie con una escoba de cerdas suaves y, posteriormente, aspirar a máxima potencia. A continuación, el paso del lavado puede realizarse de dos formas:
- Debes fregar la tarima con una mezcla de agua muy caliente y vinagre, con la fregona perfectamente escurrida para no empapar la madera. Si hay alguna mancha incrustada, puedes utilizar una manguera y un cepillo.
- Si el suelo tiene barniza para madera contra agua o pintura, deberás lijarlo para eliminar el producto y retirar los residuos. Deberás dejar secar la madera durante un día antes de continuar el trabajo de mantenimiento.
Después del lavado de la madera, examina la superficie en busca de daños: grietas, astillas o cualquier rotura del suelo. Las pequeñas grietas pueden rellenarse con masilla para madera. En caso de ser grandes, puedes utilizar un epoxi de reparación. Para integrar las reparaciones con el total de la superficie, es recomendado lijar y nivelar la zona tratada. De esta forma, la madera estará lista para el tratamiento que vayas a aplicar.
Tipos de protectores
Antes de comenzar el tratamiento de las tarimas de madera, es importante conocer todas las opciones y sus usos. Seguidamente, enumeramos una lista de los materiales a tener en cuenta en este paso:
- Aceites: Es recomendable hidratar la madera después de la limpieza para evitar la deshidratación y el riesgo de grietas que esta provoca. Los aceites pueden aportar un acabado natural a la madera al mismo tiempo que nutren la madera y le otorgan un aspecto satinado. Es recomendable escoger un aceite de exteriores con filtro solar que pueda proteger la madera de los rayos UV, además de impermeabilizar.
- Lasur: es un recubrimiento que absorbe la madera y deja un acabado a poro abierto. Esta cualidad permite a la madera transpirar y regula la humedad interna, protegiendo el suelo al evitar la aparición de moho, insectos y grietas, y preserva su aspecto ante las inclemencias del clima.
- Barnices: son revestimientos de la madera que sellan los poros de la madera, evitando así que absorba las manchas y endureciendo su estructura, volviéndola más resistente a golpes. Según el barniz que escojas, puedes dar un acabado satinado, brillante o mate al suelo.
- Pintura: es una alternativa colorida para sellar la madera. Ofrece suficiente protección, sin embargo, no es posible mantener el color natural de la madera.
Tipos de madera y sus necesidades
Una vez has decidido cuales son los pasos de revestimiento que consideramos más aptos para nuestra vivienda, debemos conocer el tipo de madera sobre el que vamos a trabajar.
Maderas blandas
Suelen ser opciones más económicas y fáciles de mantener. Para un mantenimiento en buenas condiciones, se deben revestir con un lasur cada 2 o 3 años, según su estado de conservación. Ex: Pino, Cedro y Abeto.
Maderas tropicales
Son muy resistentes y llevan bien los cambios de temperatura e inclemencias del tiempo. En estos casos, es recomendable aplicar aceite de teca para impermeabilizar y nutrir la madera. Los primeros años requieren más mantenimiento y tratarlas cada 3 o 4 meses. Posteriormente, se podrá espaciar hasta 2 veces al año, preferiblemente al inicio del verano e invierno. Ex: Iroco, Ipe, Cumarú, Teka o Merbau.
Cómo aplicar el tratamiento
Antes de proceder a la aplicación del tratamiento, es recomendable reunir en un lugar cercano todas las herramientas que vas a necesitar: un cepillo para limpiar la superfície, lijas de madera, un trapo para limpiar el polvo generado durante la lija y una brocha o un rodillo para aplicar el revestimiento. Además, es recomendable proteger las áreas que no quieres que se manchen con el producto como rodapiés o muebles que no puedas retirar de la tarima.
La forma de aplicación del tratamiento depende del tipo escogido:
- El aceite lo puedes aplicar con una brocha sobre la tarima exterior. Debes esperar 15 minutos a que la madera lo absorba; después, retira el exceso de aceite con un trapo de algodón.
- Para aplicar el barniz, lo más recomendable es aplicar el producto en dos capas mediante el uso de una brocha. Asegúrate de cargarla bien con producto y realiza trazos largos, ya que esto ayudará a lograr un acabado más uniforme. Una vez aplicada la primera capa, deja que se seque completamente antes de continuar. Antes de aplicar la segunda capa, lija suavemente la superficie con una lija de grano fino y elimina el polvo residual.
- Respecto al lasur y la pintura, es posible aplicar con brocha o rodillo. Aplica las capas necesarias para conseguir el acabado deseado, dejando secar entre una aplicación y otra.
Una vez que has terminado la aplicación del tratamiento, es hora de dejar absorber y actuar el producto. Generalmente, es recomendable esperar 24 horas antes de retomar la actividad en la tarima o exponerla a las condiciones meteorológicas. Tras ese tiempo, realiza una última inspección para comprobar que no hayan áreas con cobertura irregular y, si las hay, aplica más protector en esas zonas.
Beneficios de un mantenimiento adecuado
Después de realizar estos pasos, la madera está reforzada para garantizar su durabilidad y mantener su aspecto. La prevención nos ayudará a evitar daños inesperados y sus consecuentes gastos de reparación. Además, nos ayudará a prolongar la vida útil de la madera de las siguientes formas:
- Los tratamientos protegen la tarima de la acción de los rayos UV del sol, ralentizando su deterioro, evitando la decoloración y la formación de grietas.
- Las capas protectoras protegen la madera de la humedad y los efectos que esta provoca: deformación de la madera, fisuras y la proliferación de moho y hongos.
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